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Lunes, 14 de Septiembre de 2009 17:36

Aprender a confiar

Maria en la pasion.pngYo soy sacerdote desde hace 14 años y en el camino del ministerio sacerdotal, Dios fue poniendo personas que me enseñaron y me ayudaron a crecer en el ministerio de la compasión y ha creer en la sanación espiritual y física.

Jesús nos dejo la promesa de que si creemos podremos hacer lo que El hizo y aun cosas más grandes. Y nos viene a la memoria como muchos enfermos acudían a El y recibían la sanación de la enfermedad que padecían.
Pero después en mí vida ministerial cuando viene un enfermo a pedir oración por su sanación experimento que las cosas no suceden al modo que yo deseo, que los frutos no se ven instantáneamente y que no todos se sanaban del mismo modo. Entonces uno se llenaba de preguntas y también de dudas, no de la presencia o del poder de Dios, sino del modo que tiene Dios de obrar en la sanación.
Pero para consuelo y fortaleza de mi corazón, Dios se fue encargando de revelarme ciertas certezas interiores. Hoy yo tengo la certeza de que cuando le presentamos un enfermo a Dios siempre hay una respuesta. Pero a su vez no tenemos respuestas para explicar porque Dios sana a uno y a otros no. Ahí nos damos cuenta de que no somos dueños sino instrumentos de la sanación de Dios. Pero esta verdad solo la puedo comprender con un corazón humilde y confiado en el obrar de Dios.
Pero esta certeza interior no basta sino que se necesita un corazón libre y confiado para poder ejercer el ministerio de sanación.
Hoy debo reconocer que yo me enfrentaba al mundo de la enfermedad, del sufrimiento y la opresión con dudas y falta de fe. Las dudas venían de la razón y de pensar que era imposible que un enfermo grave o terminal se sane o que la Fe no me alcanzaba para proclamar y orar con autoridad frente a un enfermo grave. Cuando la fe es débil oramos como pidiendo perdón y usamos palabras tímidas y ambiguas para no despertar falsas ilusiones de que suceda el milagro que deseamos.
Jesús nos habla de no ser tibios y de que hay milagros que no se pueden hacer sin fe. Pero tarde mucho tiempo es cuestionarme verdaderamente esta realidad. Pero al mirar el camino uno se da cuenta de que es Dios mismo el que rompe nuestros esquemas y nos abre a los caminos de la fe.
El poder decirle a un enfermo… “Vamos a rezar para que Jesús te sane”
No son palabras armadas o para quedar bien, hoy siento de que salen de en una certeza en mi corazón. Cuando comprendí de que es Jesús el que sana y que El es fiel y cumple su promesa. Desde ese momento mi corazón se sintió libre de rezar por todos los enfermos que se presenten en mi camino. Uno comprende que somos un instrumento para dejar obrar a Jesús y debo ser humilde y confiado para dejarme usar por El.
Es ahí cuando uno se libera del miedo y de las dudas. Porque tenemos la certeza de que nadie que acudió a Dios ha quedado con las manos vacías. Desde ese momento no paro de de presentarle a Dios la vida de los enfermos y sufrientes que me piden oración y no paro de asombrarme las distintas maneras de cómo Jesús hoy nos sana.

 

Last modified on Lunes, 14 de Septiembre de 2009 22:59

Jorge Jara

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